| Rehabilitar la Memoria del Dr. Juan Negrin |
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| Artículos - Opinión |
| Escrito por Antonio Moreno de la Fuente |
| Viernes, 29 de Agosto de 2008 00:43 |
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A mi amigo Manolo Vargas, de quien oí los primeros elogios del Dr. Negrín.
Entre los políticos republicanos más odiados y difamados por la dictadura franquista: Manuel Azaña, Lerroux, Indalecio Prieto, Largo Caballero, Dolores Ibárruri “La Pasionaria”, se encuentra también el Dr. Juan Negrín. Sin embargo, el Dr. Negrín no sólo lo fue denigrado por la dictadura, sino también por su propio partido el PSOE, que difundió sobre él una leyenda infamante y por la que se le expulsó del partido en 1946. .Ahora, en el 37 Congreso, clausurado el pasado 6 de junio del 2008, el PSOE ha cumplido su promesa de reintegrarlo en el partido y rehabilitar su memoria, a él y a otros 35 militantes socialistas (Viñas). ¿Cuáles fueron las razones que motivaron la expulsión del Dr. Negrín de su partido y el descrédito de su memoria? Con esta semblanza pretendemos sintetizar estas razones y sumarnos también a la rehabilitación de la memoria de este insigne científico y político republicano, cuyo cincuenta aniversario de su muerte se cumplió en el año 2006. Insigne científico Juan Negrín nació en Las Palmas de Gran Canaria el 3 de febrero de 1892. Hijo de comerciantes acaudalados estudió la carrera de Medicina en Alemania, primero en Kiel y posteriormente en Leipzig. En 1916, de vuelta a España y por iniciativa de D. Santiago Ramón y Cajal, se incorpora al Laboratorio de Fisiología General de Madrid, situado en los sótanos de la Residencia de Estudiantes y dependiente de la Junta de Ampliación de Estudios. En 1919 convalida en España su título de Licenciado de Medicina y Cirugía y al año siguiente defiende su Tesis doctoral. En 1922 obtiene la Cátedra de Fisiología Humana de la Universidad Central, continuando las enseñanzas de su gran maestro D. Santiago Ramón y Cajal (1852-1934), premio Noble de Medina en 1906. En 1928, a instancias del Dr. Negrín, la Bioquímica es integrada en los planes de estudio de la Facultad de Medicina. En 1935 participa, junto al Dr. García Valdecasas, en el Congreso Internacional de Fisiología de Leningrado, organizado por Pavlov. El Dr. Juan Negrín es el impulsor de la escuela fisiológica española, formándose bajo su influencia gran número de investigadores y científicos, entre ellos José Domingo Hernández Guerra, Francisco Grande Covián, Blas Cabrera Sánchez, José García Valdecasas, alcanzando su culmen en Severo Ochoa de Albornoz (1905-1993), quien recibió el Premio Nobel de Medicina en 1959 por sus estudios sobre la biosíntesis de los ácidos nucléicos (Fundación Juan Negrín) Político y Ministro de Hacienda Durante la dictadura de Primo de Rivera, en 1929, ingresa en el Partido Socialista Obrero Español, adscribiéndose al ala centrista del mismo, que lideraba Indalecio Prieto, en oposición a la radical de Largo Caballero. En 1931, en las primeras elecciones generales de la República, es elegido Diputado a Cortes por Las Palmas de Gran Canaria, su ciudad natal, cargo que ostentará en los dos comicios siguientes, los de 1933 y 1936. El 3 de septiembre de 1936 es nombrado Ministro de Hacienda del Gobierno del Frente Popular, presidido por Largo Caballero (SECC). El Dr. Negrín se enfrentó enseguida a los problemas que se derivaban de la guerra. Reconstruye el cuerpo de Carabineros, policía de control de aduanas, agiliza las pagas de los combatientes, resuelve los créditos que solicitaban las industrias que fueron colectivizadas, los problemas del comercio exterior, de la inflación etc.(Moradiellos, 252). Y para hacer frente a los gastos de la guerra, como garantía del pago de las armas que se adquiriesen, el Dr. Negrín tomó la decisión, como veremos después, de vender el oro del Banco de España a la Unión Soviética. Presidente del Gobierno (17 mayo 1937) Los intentos del Largo Caballero, en abril del 37, de formar “un gobierno sindical”, con miembros de la UGT y CNT y con exclusión de republicanos y comunistas, los decretos que intentaban despolitizar al Ejército y prohibían el ascenso a los oficiales procedentes de las milicias (Ibarruri, 60-64), junto a su blandura frente a los sucesos de mayo de ese año en Barcelona, originados por una facción de la CNT-FAI y el POUM, dirigidos a suplantar a la Generalitat por un “gobierno revolucionario”, fueron la causa de que el Presidente de la República, Manuel Azaña, encargara al Dr. Juan Negrín la formación de un nuevo Gobierno, el 17 de mayo de 1937. El Dr. Negrín, además de la Presidencia del gobierno, conservaba la cartera de Hacienda, salía de él Largo Caballero, pero lo integraban todos los partidos que formaban el Frente Popular: por el PSOE, además del propio Presidente, Indalecio Prieto y Julián Zugazagoitia; dos ministros del PCE: Uribe y Hernández, aunque su entrada no estaba muy de acuerdo con las instrucciones de la Internacional comunista (Bocca, 255); y el resto del PNV, de Izquierda Republicana, de Ezquerra y Unión republicana (Tuñón, 673-681). Este gobierno creó divisiones en el seno de la UGT y CNT pero, al fin, fue reconocido por el Comité Nacional de la UGT, el pleno Nacional de la CNT y el resto de todas las fuerzas políticas de la República (Díaz ,502). El objetivo principal que se propuso el nuevo gobierno era, ante todo, ganar la guerra y restablecer en España la estructura política, social y económica republicana que el país, libremente, había elegido en su día. Comenzó por reorganizar el Ejército, poniéndolo bajo un único departamento: el ministerio de Defensa, bajo el socialista Indalecio Prieto, que abarcaba a los ejércitos de tierra, marina, aviación y armamento. Como órgano auxiliar de este mando único, se creó el Estado Mayor Central, nombrándose Jefe de ese órgano al coronel Vicente Rojo, que tan destacada participación había tenido en la defensa de Madrid. Y se restableció también el Consejo Superior de Guerra en el que participaban, junto al Jefe de Gobierno, los ministros de Defensa, de Estado (Giral, republicano) y el de Agricultura (Uribe, comunista). En el aspecto económico, se creó el Consejo nacional de Economía, que coordinase la vida económica del país, tanto la industria de guerra, como la civil y la agricultura. En el ámbito agrícola se encomendó al Instituto de Reforma Agraria la orientación del movimiento colectivista de los grandes latifundios, respetando la libre cooperación de los pequeños campesinos, por lo que se excluían las colectivizaciones forzosas de pequeños propietarios. Con estas medidas la Hacienda recuperó su impulso, siendo los ingresos, en el 2 semestre del 37, superiores en 130 millones a los del 2º semestre del 36 (Tuñón, 691-94;731-32). Desde el Ministerio de Justicia, dirigido por Manuel de Irujo, del PNV, se normalizó el libre ejercicio del culto católico, estableciendo que los sacerdotes podrían ejercer su ministerio bajo la protección del ministerio y con arreglo a las leyes, no obstante, si un sacerdote conspiraba contra la República sería juzgado legalmente. En el ámbito internacional se denunciaría, ante la Sociedad de Naciones, la agresión de que era objeto un país democrático por parte de Alemania e Italia que ayudaban, con grandes cantidades de material de guerra y soldados, a una sublevación militar contra el orden democrático. Y reclamarían el derecho, por parte del gobierno legítimo español, a comprar armamento donde fuera, a pesar del pacto de No-intervención que Inglaterra y Francia habían firmado. Este programa de gobierno fue ratificado por las Cortes, reunidas en el Salón de actos de la Lonja de Valencia, el uno de octubre de 1937. El gobierno del Dr. Negrín, que muchos consideraban títere de D. Indalecio Prieto y, por tanto, transitorio, resultó ser el más sólido y eficaz gobierno de la República durante el tiempo restante de la guerra (Ibarruri, 87-92). En el aspecto militar, mantuvo la resistencia republicana en la zona Centro-Este, que nunca fue conquistada por los franquistas y duró hasta el golpe militar que dio, el 6 de marzo de 1939, el general republicano Casado, ayudado por el socialista Julián Besteiro y el cenetista Cipriano Mera, contra el legítimo gobierno de la Republica. La República, que nunca fue vencida totalmente por las tropas franquistas, fue entregada por el golpe militar del General Casado (Tuñón, 817) El oro de Moscú ¿Qué razones motivaron su descrédito, difamación y expulsión del partido socialista? Fundamentalmente éstas: la venta de las reservas de oro del Banco de España a la Unión Soviética y la de que fue un títere en manos de comunistas y soviéticos, durante su etapa al frente del Gobierno republicano. La venta de las reservas de oro del Banco de España es uno de los motivos que mayor difamación han causado a la memoria del. Dr. Negrín, pero está hoy suficientemente documentada la legitimidad de esta decisión. Ante todo, el Gobierno republicano de Casares Quiroga, a los pocos días de la sublevación, había decidido vender a Francia una cuarta parte de esas reservas, por importe de unos 195 millones de dólares (Moradiellos, 252), como garantía del pago de diversos suministros. Al comenzar el asedio de Madrid (noviembre del 1936), el Dr. Negrín como ministro de Hacienda, de acuerdo del Presidente de la República, Azaña, y del Gobierno, Largo Caballero y de todo el Consejo de Ministros, decidieron trasladar las reservas de oro del Banco de España a Cartagena, pera evitar que cayeran en manos de los sublevados. Días después se decidió enviar “más de la mitad de esas reservas a la Unión Soviética, equivalentes a 578 millones de dólares. Largo Caballero explica en sus Memorias esta decisión: “Inglaterra y Francia eran el alma de la no intervención ¿se podía tener confianza en ellas? ¿En dónde depositarlo? No había otro lugar que Rusia, país que nos ayudaba con armas y víveres” (Tuñón, 631). Este testimonio de su compañero de partido, y posterior enemigo político, echa por tierra las calumnias de la propaganda anarquista (Diego Abad de Santillán, citado en Wikipedia) y, sobre todo, franquista respecto al tan cacareado “oro de Moscú”, enviado por el Dr. Negrín. ¿Hombre de paja de los comunistas? El haber sido un juguete en manos de los comunistas y de los soviéticos, durante su jefatura de gobierno, es la razón principal que sus detractores siempre han aludido para la descalificación y descrédito del Dr. Negrín (Moradiellos, 246). Y esta es, también, la razón que alegó el mismo Prieto, en el Comité nacional del Partido socialista, el 7 de agosto del 38, al decir “que había sido expulsado del gobierno por orden de los soviéticos” (Tuñon, 771). Sin embargo, los acontecimientos fueron de otra índole. La República, desde la elección del Dr.Negrín como Presidente del Gobierno (17 de mayo 1937), recuperó un pulso positivo, tanto en lo económico, según dijimos anteriormente, como en lo cultural, con el Congreso internacional de escritores, españoles y extranjeros, celebrado en Valencia ese año y el Guernica de Picasso presidiendo el pabellón de España en la Exposición Internacional de Paris, pero no ocurría lo mismo en el campo militar. Es cierto que se había luchado heroicamente en Brunete, Belchite y Teruel, pero se tuvieron que evacuar estas ciudades y cayó el frente del Norte: Bilbao, Santander y Asturias, quedando amenazado el de Aragón, debido el fracaso de todas las peticiones de ayuda de armas a Francia e Inglaterra, mientras los rebeldes recibían cuantiosa ayuda, en hombres y armas, de Italia y Alemania (Ibárruri, 115 y ss.). Estos reveses deprimieron de tal modo al Ministro de Defensa, Indalecio Prieto, que, considerándose fracasado, declaró ante la ejecutiva del PSOE, en marzo del 38, que todo estaba perdido y, ante el Consejo Supremo de Defensa, que preveía el desenlace final de la guerra para el mes de abril de ese año (Tuñón, 739). Indalecio Prieta, con esta postura, se pasaba a una de las dos posiciones que, desde la salida del gobierno de Largo Caballero, se mantenían latentes en los dirigentes de los partidos y sindicatos republicanos y, por consiguiente, en el Gobierno. Por una parte, estaban los que buscaban “el compromiso” (José Diaz, 524) o pactar la rendición ante el enemigo fascista. Esta postura la capitaneaba el Presidente de la República, D. Manuel Azaña, los republicanos moderados como Martínez Barrio, algunos socialistas como Julián Besteiro y los amigos de Largo Caballero. Postura que era secundada a su vez, en el exterior, por Miguel Maura y Salvador de Madariaga y que coincidía con el criterio británico de que se terminara pronto la guerra en España, mejor con el triunfo del general Franco, con quien ya tenían relaciones diplomáticas e intereses comerciales. A ellos se les unía ahora el ministro de Defensa, Indalecio Prieto y José Giral, de Izquierda republicana, ministro de Asuntos exteriores. Pero, en contra de esta postura o en respuesta a este género de sondeos ante el bando sublevado, era conocida la opinión del general rebelde, Francisco Franco, de que sólo admitiría la rendición sin condiciones del gobierno republicano (Tuñón, 739-740). La otra posición era la de seguir adelante en la lucha por los legítimos derechos democráticos de la República y contra el golpe militar. Su base era, no sólo la conocida opinión de los fascistas rebeldes, de rendición sin condiciones, sino el desarrollo de los acontecimientos europeos: Hitler había invadido Austria el 13 de marzo del 38. Si Inglaterra, Francia y Rusia se atrevían a oponerse a sus pretensiones hegemónicas, supondría el comienzo de la guerra europea y, por tanto, el cese de la ayuda alemana e italiana a Franco, por lo que no quedaba otra opción que resistir. Esa era precisamente la postura mantenida por el Dr.Negrín, Presidente del Gobierno, cuyo lema era: “Resistir es vencer” (Moradiellos, 254), y que era apoyada por una parte de la ejecutiva socialista, de la UGT, de la CNT y, por supuesto, por el Partido Comunista y parte de los partidos republicanos. La tesis del Dr. Negrín triunfó, por esta vez, y el Presidente de la República, D. Manuel Azaña, el 6 de abril del 38, le encargó que formara nuevo gobierno. Salía de él D. Indalecio Prieto y el Dr. Negrín asumía la cartera de Defensa, además de la Presidencia del Gobierno. El PSOE seguía representado, además del Presidente, por Álvarez del Vayo, Paulino Gómez y Ramón González Peña. El PCE conservaba a uno de sus ministros, Vicente Uribe, pues el otro, Jesús Hernández, salía también por sus diferencias con Prieto. En su lugar entró Segundo Blanco de la CNT, como ministro de Instrucción pública. El resto de los ministros eran de Esquerra, de Izquierda y de Unión republicana. Era éste, de nuevo, un gobierno de Unidad nacional, que pretendía seguir luchando por la independencia de la patria, igual que en 1808, amenazada ahora por las potencias fascistas de Italia, Alemania y Portugal, capitaneadas, como agente de ellas, por el general rebelde Francisco Franco. (Tuñón, 745). La recomposición del gobierno supuso, sin duda, una ruptura con su mentor político, Indalecio Prieto y una ruptura más, tras la de Largo Caballero, en el seno socialista, pero, ¿suponía también una capitulación ante los comunistas o los asesores soviéticos? No, ciertamente. El apoyo en los comunistas y en la URSS era imprescindible, ante la falta de ayuda de Inglaterra y Francia. El Dr. Negrín lo había ya advertido claramente, en marzo del 38 ante la Ejecutiva del PSOE: “No puedo prescindir de los comunistas, porque sus correligionarios en el extranjero son los únicos que eficazmente nos ayudan…(la URSS) es el único apoyo efectivo que tenemos en cuanto a material de guerra” (Moradiellos, 255). Efectivamente, el Partido Comunista era el más firme aliado del Dr. Negrín, no sólo por la ayuda que recababa de la URSS, sino también por su política de unidad con el pueblo republicano y con los partidos políticos que lo representaban, socialistas, republicanos y anarquistas, que constituían el eje del Frente Popular, política que de ningún modo propugnaba la instauración de un régimen comunista. Así lo exponía en carta al CC del PCE su Secretario general José Díaz (Díaz, 557-64). Por otra parte, era reconocido por la gran mayoría que, gracias a los comunistas y los asesores soviéticos e italianos que les ayudaban, se había reorganizado el Ejército republicano, tanto el de Tierra, dirigido, entre otros, por los coroneles comunistas Juan Modesto, Líster, Manuel Tagüeña, Valentín González “El Campesino”, Etelvino Vega, como la Aviación, mandada por el coronel Ignacio Hidalgo de Cisneros; sólo la Marina obedecía a Prieto (Martínez Reverte, 19-23). Pero esta política dentro del ejército y de resistencia frente a los rebeldes fascistas fue motivo de que, en un amplio sector del PSOE, de la UGT y de la CNT, creciera un visceral “anticomunismo” (Tuñón,773). Por otra parte, todos los historiadores reconocen que Azaña, Largo Caballero o Prieto no ofrecían otra alternativa a la política de resistencia que “la rendición”, aunque estuviera supervisada por las potencias europeas y que, en definitiva, sería sin condiciones, según exigía Franco (Hugh Thomas, citado por Tuñón,771, nota 1). Al Dr. Negrín le pesaba esta dependencia de los comunistas, pero no tenía más remedio, según lo confesaba a su correligionario y amigo, Juan Simón Vidarte: “¿Es que usted cree que a mí no me pesa, como al que más, esta odiosa servidumbre? Pero no hay otro camino. Cuando hablo con nuestros amigos de Francia, todo son promesas y buenas palabras. Después empiezan a surgir los inconvenientes y de lo prometido no queda nada. La única realidad, por mucho que nos duela, es aceptar la ayuda de la URSS, o rendirse sin condiciones. (...) ¡Qué más puedo hacer! La paz negociada siempre; la rendición sin condiciones para que fusilen a medio millón de españoles, eso nunca” (Moradiellos, 255). Por todo ello, se desmonta la tesis de que fuera un “hombre de paja” de comunistas y soviéticos y, aparece claramente que, un amplio sector socialista, inducidos por la animadversión de Prieto y Largo Caballero, se creyó la propaganda franquista (Viñas). Resistencia ofensiva y propuestas de paz Esta política de resistencia encontró el apoyo de la mayoría de las organizaciones sindicales y políticas, con las salvedades apuntadas, pero no por eso, el gobierno del Dr. Negrín, dejó de iniciar diversas acciones, tanto interiores como exteriores, de cara a conseguir unas condiciones favorables para la paz, no una rendición sin condiciones. En lo militar se lanzó la última gran ofensiva contra las fuerzas rebeldes e invasoras, conocida como la batalla del Ebro, que duró desde el 25 de julio al 13 de noviembre del 38, para demostrar la capacidad de resistencia de la República y que el resultado de la guerra no estaba tan claro a favor de los fascistas (Jorge Martínez Reverte, 20)). En lo político, en plena batalla del Ebro, el Gobierno, elaboró el programa conocido como Los Trece puntos de Negrín (Ortolá Tomas), en los que establecía sus condiciones para finalizar la guerra. En él, entre otros puntos, se proponía se reconociera en España un gobierno basado en el sufragio universal, respeto de las libertades regionales sin que comprometieran la unidad española, respeto a la propiedad privada dentro de los intereses superiores de la nación, libertad de conciencia y religión, reforma agraria, rehacer un ejército que estuviera al servicio de la nación, amnistía para todos los españoles que deseasen participar en la reconstrucción de España, etc., etc. Se distribuyó ampliamente en la zona republicana (Romero Ferrer), también en el ejército y zona dominada por los sublevados, que lo rechazaron sin contemplaciones y en el extranjero, cuyos gobiernos tampoco mostraron gran interés. Aún dio otro paso de buena voluntad el Gobierno del Dr. Negrín. Ante la Asamblea general de la Sociedad de Naciones, reunida el 21 de septiembre del 38, anunció “el retiro inmediato y completo de todos los combatientes no españoles que tomaban parte en la lucha de España del lado gubernamental”, pidiendo que salieran también del bando sublevado. Las brigadas internacionales, que apoyaban a la República, apenas eran 13.000 hombres, por lo que pensaba el Gobierno que nada perdía, si con esto se conseguía que salieran de España los casi 50.000 italianos, la Legión Cóndor alemana, los mercenarios rifeños y los viriatos portugueses. La República cumplió retirando a las Brigadistas internacionales, pero Franco se deshizo de apenas 10.000 italianos (Tuñón 775-76). El desenlace Todas estas medidas políticas y militares no dieron el resultado apetecido al gobierno del Dr. Negrín. A nivel internacional, Hitler reclamó, por este tiempo, parte del territorio de Bohemia de la República Checa, en base a la existencia de minorías alemanas en esa región (los sudetes). Se pensó que esta nueva agresión nazi agotaría la paciencia de Inglaterra, Francia y la Unión Soviética. Pero no fue así. Checoslovaquia, aunque construyó algunas defensas (visibles aún hoy en día) renunció a defenderse, lo que, tal vez, hubiese provocado el estadillo de la guerra y Chamberlain por Inglaterra y Daladier por Francia aceptaron, una vez más, las exigencias de Hitler y Mussolini, firmando las capitulaciones de Munich el 29 de septiembre del 1938. Para las potencias europeas, incluida la URSS (Bocca, 268) más valía apaciguar la ambición fascista, entregando a España y a Checoslovaquia a su voracidad, que hacerle frente con dignidad (Tuñón, 776-78). Para Franco supuso un respaldo político europeo a su rebelión y, apoyado en él y sin rebozo alguno, pidió de nuevo a Alemania e Italia más armas y municiones para acabar con la resistencia republicana, que se las enviaron en el mes de noviembre (Tuñón, 781). Sólo con esta nueva ayuda pudo rechazar la ofensiva del Ebro y emprender la conquista de Cataluña, que se hizo efectiva con la caída de Barcelona el 26 de enero del 39 y de Gerona el 4 de febrero. Camino de Francia, por la frontera, salieron el Presidente de la República, Azaña, Martínez Barrio y Giral, seguidos de Companys y Aguirre, presidentes de los gobiernos regionales de Cataluña y País Vasco (Tuñon 790-95) y tras ellos más de 400.000 republicanos españoles -militares y civiles- (Moradiellos 259). Con ellos iba D. Antonio Machado, que moriría en Colliure el 22 de febrero. La pérdida de Cataluña activó la desmoralización y descomposición institucional del ejército y del territorio leal a la República española. Este comprendía aún la zona Centro-Este-Sur, es decir: Madrid, Cuenca, Valencia, Alicante, Albacete, Murcia, Jaén, Almería. Se contaba aún con un ejército de medio millón de hombres, una flota, varios puertos importantes, entre ellos la base naval de Cartagena y una población de diez millones de personas (Tuñón 798). Sin embargo, los mandos militares: Rojo, Miaja, Segismundo Casado, estaban desmoralizados, a excepción de los mandos comunistas: Modesto, Lister, Tagüeñas, Hidalgo de Cisneros. Y, de nuevo, se presentaba la cuestión fundamental al Gobierno del Dr. Negrín: ¿Resistencia o rendición? Con la ocupación total de Checoslovaquia por Hitler, en marzo del 39, la situación internacional comenzaba a ser más favorable a la República, pues las potencias occidentales, incluso Estados Unidos, comenzaban a pensar que la primera batalla contra el nazismo se había perdido en España (Tuñón 802), por ello, la política de resistencia “durante algunos meses todavía era la única que podría permitir un repliegue, una evacuación sin desbandada de las personas que corrieran mayor peligro de ser víctimas de represalias” (Tuñón 803). Para esa evacuación el Dr. Negrín había pedido permiso al Presidente de México, Lázaro Cárdenas, quien se lo concedió, para que en caso de necesidad acogiera a un nutrido número de exiliados republicanos (Moradiellos 258-59). Sin embargo, la correlación de fuerzas, en el seno del Gobierno y del ejército, ya no era favorable al Dr. Negrín. Azaña había dimitido, arrastrando a los partidos republicanos. Dentro de su partido, el PSOE, sólo contaba con un reducido número de seguidores, liderado por Almoneda y Álvarez del Vayo, en contra estaban los amigos de Largo Caballero, de Prieto y de Julián Besteiro y la entera CNT. Sólo le apoyaba el Partido Comunista. La resistencia, posiblemente, se hubiera prolongado algunos meses más, pero fue desbaratada totalmente por el golpe militar que dio el coronel republicano Segismundo Casado contra su Presidente legítimo, el Dr. Negrín, con apoyo del grupo de socialistas, liderados por Julián Besteiro, de la CNT, capitaneada por el general Cipriano Mera y de San Andrés de Izquierda Republicana. Este nuevo golpe militar fue la causa del fin de la guerra y de la rendición de la República, el 30 de marzo del 1939, a las fuerzas rebeldes y fascistas del general Francisco Franco (Tuñón 817; Moradiellos 259; Boca,273). La II Guerra mundial estallaría seis meses más tarde, en septiembre del 39. Dimisión del cargo de Presidente de gobierno (agosto del 1945) La derrota y el exilio aumentaron las divisiones existentes en el Partido socialista y pusieron de manifiesto la soledad política del Jefe del gobierno republicano, Dr. Negrín, llegando a negarle la legitimidad de casi todas sus iniciativas políticas la gran mayoría de los socialistas (los partidarios de Prieto y Largo Caballero), gran parte de los republicanos de izquierda y los anarquistas. Los comunistas se mantuvieron leales y sólo se la negaron, por influencia de la política soviética, desde la firma del pacto nazi-soviético de no agresión, en agosto de 1939, hasta la invasión nazi de la Unión Soviética, en junio del 1941 (Moradiellos 260). “En agosto de 1945, al término de la guerra mundial con la derrota del Eje, Negrín intentó concitar el apoyo unánime de todas las fuerzas políticas del exilio para ofrecer un frente unitario republicano que pudiera recabar el apoyo de los gobiernos aliados contra la dictadura de Franco, aprovechando su desprestigio internacional y el fuerte rechazo que provocaba su reciente conducta de simpatía y apoyo al esfuerzo bélico ítalo-germano. En opinión de Negrín, sólo ese frente unido serviría como garantía ante Washington y Londres de la presencia de una alternativa de recambio al régimen franquista que no incurría en el riesgo de reanudar los horrores de la guerra civil. Sin embargo, ante la patente imposibilidad de concitar el apoyo de todas las fuerzas políticas del exilio, Negrín dimitió de su cargo de jefe del gobierno de la República en el exilio ante la sesión plenaria de las Cortes reunidas en México el 17 de agosto de 1945” (Moradiellos 261). En 1946 fue expulsado del PSOE, junto a una veintena de compañeros socialistas, por la ejecutiva del partido que presidía entonces Indalecio Prieto (Aizpeolea, 28). Así aparecía en una nota publicada en El Socialista, el 23 de abril de 1946 (Viñas). El Dr. Juan Negrín murió en Paris, el 12 de noviembre del 1956. La Exposición organizada por la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales (SECC), el 27 de septiembre del 2006 y, ahora, el 37 Congreso del PSOE, clausurado el pasado 6 de junio del 2008, lo han reintegrado póstumamente al Parido e intentado rehabilitar dignamente su memoria.
Antonio Moreno de la Fuente
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