| Miami, el burdel político de siempre |
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| Artículos - Opinión |
| Escrito por la Plataforma |
| Lunes, 15 de Septiembre de 2008 13:45 |
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El alboroto típico de los portavoces anticubanos en Miami no se hizo esperar, mientras en la mayor de las Antillas sus ciudadanos se aprestaban a iniciar la etapa de recuperación tras el azote de esos dos terribles ciclones, quizás los peores conocidos en su historia. A los politiqueros de esa ciudad de la Florida poco les ha interesado el sufrimiento del pueblo cubano ocasionado por los efectos de ambos huracanes, y emprendieron las especulaciones acerca del futuro de la nación caribeña y su Revolución, la cual, como de costumbre, fue blanco inmediato de los ataques de sus viejos y frustrados enemigos. Algunos de ellos auguraron ya hasta el desplome del sistema socialista en Cuba y el comienzo de una soñada república al estilo miamense, que desde hace 50 años añora la cada vez más débil contrarrevolución asentada en territorio norteamericano, y sostenida desde entonces por los sucesivos regímenes de Washington. Incluso han llegado a pronosticar el derrumbe de la estructura nacional de la Isla, la aparición de epidemias, y la incapacidad de las autoridades de La Habana para enfrentar los efectos destructores de Gustav e Ike. Los más acérrimos enemigos de la Revolución cubana no pudieron disimular su júbilo ante la tragedia originada por los huracanes, y sin en el menor escrúpulo los consideraron como un castigo divino de la naturaleza a la mayor de las Antillas. De otro lado, sectores autotitulados moderados, pero igualmente interesados en destruir el sistema socialista en Cuba, condicionaron cualquier eventual ayuda humanitaria norteamericana a la Isla, como hizo el actual inquilino de la Casa Blanca George W. Bush. Mientras tanto, miles de cubanos de a pie residentes en Estados Unidos son privados de enviar remesas a sus familiares y de viajar a la nación caribeña, merced las restricciones aplicadas por la administración de Bush que arreciaron el bloqueo impuesto por Washington a La Habana, prolongado ya por casi cinco décadas. Asimismo, a causa del bloqueo, las empresas norteamericanas son imposibilitadas de vender a Cuba, mediante créditos, materiales indispensables para enfrentar los estragos dejados por Gustav e Ike. El pueblo cubano, por su parte, sigue enfrascado en la recuperación, al tiempo que recibe ayuda de numerosos países del mundo, ninguna condicionada, y todas superiores a la irrisoria ofrecida por Washington, 100 mil dólares, menor al salario que percibe anualmente un empleado de la Casa Blanca. Para desconcierto del burdel de Miami y del propio régimen de Bush, los cubanos sabrán sobreponerse a los más recientes desafíos que le ha impuesto la naturaleza, como también lo han hecho ante la guerra económica, comercial y financiera de Estados Unidos, y las agresiones de terroristas y mafiosos asentados en la Florida. |



